¡Dejé atrás las dos cobijas! Las cambié por... un sillón... (?)

Este es el segundo capítulo de la historia que quiero contar. Los demás posts, aparte del de las dos cobijas, han sido paréntesis nomás; otras historias que valía la pena contar, pero hoy volvemos a la historia principal. De cuando dejé atrás las dos cobijas y las cambié por... bueno... tampoco mejoré mucho porque me fui a un sillón.

A ver, que también tengo que aclarar: duermo chido en donde sea. La neta dormir en mis dos cobijas en el piso de mi departamento estaba con madre y el sillón de mi mamá fue una mejora considerable. Me gusta lamentarme porque "ugh, no tengo cama, qué triste es mi vida", pero así que digas la sufrí, pues tampoco. La cosa es que si lo piensas, tampoco tenía mucho y eso era castroso. Verme sin un espacio en forma, de aquí para allá, sin cama, sin cosas, me bajó mucho los ánimos.

Cabe mencionar que esta entrada la voy a escribir desde un punto de vista un poquito diferente al de las anteriores porque creo que mi estado de ánimo de esa transición lo amerita. Quise esperar a un momento en el que tuviera ganas de escribir pero que tampoco estuviera todo depre para poder plasmar bien cómo fue esa temporada, que fue una mezcla rarísima entre tristeza y emoción por lo nuevo. Agridulce. Esta transición fue la que por fin me llevó a mudarme a México, y aunque aún no tengo un plan establecido, fue la decisión más importante que tomé en el año para poder llegar a ser feliz. Pero vamos poco a poco.


Les conté cómo regresé al departamento después de irme con mi mamá un mes por los problemas que Zaira y yo tuvimos después de terminar. Para regresarlos al contexto: Zaira y yo terminamos, todo bien, después todo mal y me voy del depa. Me voy pero no del todo, no convencido, y la decisión fue regresar al departamento con ella. "Ya tenemos medio año de haber terminado, ya somos adultos, si regreso al depa todo podrá estar bien".
Regreso, instauro mis dos cobijas en mi nuevo cuarto y por un rato todo parece ir bien. 
Al menos parecía ir bien. Poco a poco me doy cuenta de que sigo dentro de mi burbuja en la que yo creo que todo es felicidad y apertura, pero Zaira está mal, yo estoy mal, y estar juntos no funciona.
Nuestra relación se fue deteriorando, me faltó empatía, y un día las cosas explotaron. Ella se hartó de mi indiferencia y en el transcurso de un par de semanas después de que se hartó de mí, decidí irme definitivamente. No sé si lo hice por ella, por mí, por cobarde o por valiente, pero ya no había ninguna alternativa: ya no podíamos seguir juntos. No nos aguantábamos y esas últimas semanas de vivir con ella fueron de lo más incómodo que he vivido. En fin, este post no es sobre ella ni sobre eso así que continúo.

Estoy en mis dos cobijas, todo bien, pura felicidad (o algo así), y conozco a Azul. Era agosto. ¿Septiembre? Soy malo con las fechas. No. Agosto. Conocí a Azul en agosto. Qué bonito nombre tiene, joder. No podía enamorarme de una Martha o una Alejandra: tenía que ser una Azul. (Perdón si una Martha o una Alejandra lee esto, jeje).
Empecé a hablar con ella por Twitter y en cuestión de un par de días tenía muy decidido que me iba a enamorar a lo menso. Ya la conocía, ya sabía quién era, pero en agosto fue cuando empezamos a conocernos bien.
Me acuerdo de esa noche: por algo le tuiteé y de inmediato me mandó DM: "¿te gusta King Gizzard?"
No. Era otra banda de prog. ¿Cuál era? Me da coraje no recordarlo, pero hay tantos mensajes que subir hasta el principio y asegurarme va a ser imposible. En fin, platicamos esa noche hasta tarde y las siguientes igual. "No quiero que esto termine de empezar", tuitea, y me siento tan contento. Me gustó desde el primer momento. Me sentí como niño de secundaria con su primer amor, y qué bonito recordarlo. 
Nos dicen que el amor es de una manera, y que ligar es de cierta forma, y que enamorarse tiene estos pasos, pero me parece tonto; cuando te gusta alguien, lo demás importa poco. Saben que bien o mal trato de hacer las cosas a mi modo, y brincar cabeza abajo hacia ella fue la opción más acertada que encontré. Una semana de hablar y ya soñaba con ella todas las noches. Neta. No sé qué es lo que me atrapó de ella, pero la única forma en la que puedo describir lo que sentí fue "wow, ¿en serio se fijó en mí?".
Ya estaba soñando con ir a verla cada 15 días a México y ya estaba emocionado por mudarme en noviembre para poder verla cada fin de semana. Que estaba atrapadísimo, pues. Spoiler: no duró mucho esto y no me mudé en noviembre sino en diciembre, pero bueno, que todo pintaba bien. Se sintió bonito.

Platicamos por algunas semanas y entre que todo valió madres en el departamento y mi crisis existencial se agravó, me fui al sillón de mi mamá. No sé cómo habría vivido esa etapa sin Azul porque algo que implicaba un cambio radical, una decisión difícil de tomar y una derrota terrible, fue soportable y hasta divertido porque tenía su compañía. Llegó a mi vida en un momento rarísimo y lo agradezco un montón; gracias a la vida y a Satanás por ponerla en mi camino cuando necesitaba a alguien. Sé que va a leer esto y aunque me da pena, estoy lo suficientemente alcoholizado como para poder tener el valor de decirle que le agradezco un montón la compañía y que la quiero mucho. Mañana seguro me arrepiento, pero esto estará escrito y no habrá mucho que hacer. Que el Jorge del futuro se encargue.

Moving on.

Llegué a casa de mi mamá en El Pueblito y llegamos al punto principal de la historia: el sillón. Qué rara etapa fue esa. Tiene poco de haber terminado, pero fue muy difícil estar ahí. Amo a mi mamá y a mi hermano y convivir con ellos fue reconfortante, pero me sentía tan fuera de lugar que no encontraba otra forma de hacer mi estadía soportable más que salir a tomar. Ellos no eran el problema, por supuesto: era mi falta de un espacio y mi inconformidad con la vida. Estuve ahí alrededor de cuatro meses y qué raro fue. Si quería dormir era en el sillón o en una cama prestada, y para una persona tan introvertida y tan recelosa de su espacio personal como yo, vivir en un sillón prestado me provocó una crisis existencial bieeeeeen loca. No sufrí, pero por estar deprimido, por estar ansioso 24/7, no tenía dónde vivir mis altibajos (más bajos que nada) de manera cómoda. Aún así me siento agradecido y contento por tener una familia como la mía.

Pocas cosas relevantes sucedieron mientras estuve en el sillón, y más que nada todo fue un stand-by mientras podía seguir buscando una historia que vivir y algo sobre lo que valiera la pena escribir. Me la pasé bien, disfruté el plan familiar, pero mi naturaleza es total y absolutamente independiente y solo esperaba a seguir adelante. Eso sí, cada segundo que pasé con Leo me la pasé genial. A muchxs se los he dicho pero Leo es mi persona favorita en este planeta y a veces me gustaría no tener esa necesidad imperativa de independencia para poder vivir en donde él y poder ser hermano con hermano más que Jorge Andrés y Leo aparte. Soy una persona terrible. Amo, siento, quiero, adoro; pero más que nada necesito: necesito de forma egoísta, necesito cosas para mí, espacio para mí, decisiones para mí. En mi vida soy yo y sólo yo, y no sé si eso sea bueno o malo.



Me fascinan las casas abandonadas y los lugares vacíos. Ahí es en donde me siento yo mismo, sin gente, sin miradas, sin presión. Ahí es a donde iba cuando no lograba encontrar nada bueno en mi cabeza y necesitaba el empujón del alcohol para no sentirme derrotado. "Voy con Ritchie", le decía a mi mamá, pero realmente me iba al baldío de la colonia, un lugar que encontré, riquísimo para estar solo, para tomar, escuchar música y ser yo mismo ahí solito. Pinche Jorge raro. Me gusta estar solo, ¿qué puedo decir?
Al principio tenía la compañía de Azul, pero después algo pasó y todo terminó. No me lamento, la verdad, y estoy muy contento con cómo pasó todo. Pero fue raro porque al final me quedé solo ahora sí, y es cuando me cayó el peso encima de todo lo que estaba pasando en mi vida.

"Perdón por haber estado tan rara estos últimos días.
No te preocupes, ¿todo bien?
Pues no, la verdad no."

No lo he dicho abiertamente y me siento tonto porque lo nuestro duró cosa de un mes o dos (más uno que dos), pero me enamoré muchísimo. Más de lo que esperaba. Me da un poco de risa y algo más de vergüenza, pero no tiene mucho de que logré terminar con el duelo de que lo nuestro se haya terminado. Ya se acabó y todo bien, pero este blog tiene el objetivo de humillarme lo más que se pueda y pues había que admitirlo en una plataforma de internet pública.

Creo que este post lo voy a terminar apresurado porque es tarde y Daniel ya casi se sube a dormir (y como estoy de visita estoy atado a sus horarios), pero de todas formas y aunque tuviera tiempo, no puedo poner en palabras lo bonito que fue salir con ella. Esa primera vez que salimos, que fuimos a desayunar, VERGA. Qué bonito fue. 
Cuando fui por ella a su casa, o esa vez que nos vimos afuera de su escuela. Salimos como tres veces jajajajaja. No puedo enfatizarlo lo suficiente: jajajajajajaja. Aún tengo la liga para el cabello que me prestó ese día y todas las veces que he amarrado mi cabello desde ese entonces han sido con ella. Suena medio exagerado pero es que soy muy cursi, y si un día me prestó una liga pues es lógico que jamás iba a perderla. Ahora bien, la verdad no estoy para nada en plan frustrado ni es como que esté triste por lo que pasó. No siento ningún tipo de emoción negativa, pero como esta historia y el principio del cambio más radical del año sucedió exactamente cuando salí con ella, es imposible no platicar de algo tan bonito como esto que me pasó. Estoy agradecido por haber vivido lo que viví con ella. Y por cierto, el día más emocionante de mi vida, el concierto de The Cure, lo viví con ella después de todo esto, ya que se había terminado. ¿Que la veía cantar y mi corazón bombeaba un poco más fuerte? Pues sí, ¿pa' qué te digo que no? Pero más allá de "me gusta o no me gusta", las personas somos personas y si disfrutas de la compañía de alguien, lo mismo da si en algún punto estuvieron a punto de ser novios o si son solo conocidos. Disfrutemos de la compañía de las personas sin necesidad de reclamar reciprocidad o amor romántico. Qué hueva todo eso.

Mi prima llega como un ángel enviado del cielo y me ofrece un cuarto en dónde quedarme. Justo en la zona del Estado de México que me gusta, y sin mucho problema y después de un par de veces de platicar y planear, me mudo. Me mudé. Adiós sillón, hola, México. Los que me conocen, sea de hace dos meses o 24 años, saben cómo siempre he sentido que mi lugar está en México. Querétaro, San Luis Potosí, Guanajuato... han sido paréntesis temporales en la historia que me interesa vivir; la independencia que necesito disfrutar. Este post lo escribo desde México, ya contento, ya emocionado. Muchas cosas me faltan por mejorar, muchas sesiones de terapia, muchos cambios, muchos propósitos de año nuevo. Estoy jodido y hay días en los que lloro de la nada, pero eso lo voy a dejar para el siguiente post. Por ahora estoy conforme por haberles contado cómo comencé con el proceso de cumplir mis sueños y lo que sigue todavía está por escribirse. No en el blog, porque todavía no sucede, pero tengan por seguro que cuando pase por acá lo estaré contando. Gracias por acompañarme.

Comments