Lo único que hago bien es escribir cosas que a nadie le importan
Hoy estoy frustrado y molesto de tener que volver a este blog. Quería terminar una historia que no tuvo ni pies ni cabeza y creí que lo hice, hasta que me di cuenta de que esto no se trató nunca de mi búsqueda de tener un espacio propio. Fue un lente curioso a través del cual ver cómo había vivido en el último año, y fue divertido tomar la analogía de mi cama (o la carencia de una) como metáfora de mi vida, pero hay algo más al fondo de lo que apenas y pude hablar: y es que vivo deprimido y estoy cansado. Cansadísimo. Y quien viva con esto sabrá lo difícil que es vivir así, en un círculo vicioso en el que estás triste por no hacer nada, pero no haces nada porque estás triste. Ojalá fuera cosa de meses o uno o dos años, podría recuperarme de un tiempo así de no existir, pero cuando llevas cinco, diez, quince; Satanás sabrá cuántos, ¿qué queda de ti? ¿Cómo te recuperas de nunca haber sido nada? A veces siento nostalgia de cuando tenía 15 años y el futuro parecía brillante; comenzaba a forjarme una personalidad y estaba orgulloso de lo inteligente y astuto y brillante que era, había mucho que podría hacer una vez que superara la depresión. Pero nunca pasó. Una década después estoy muy lejos de ser inteligente o astuto o brillante. Y lo peor es que ya no me importa serlo, no me importa leer ni aprender ni estudiar ni mejorar, y lo único a lo que aspiro es cambiar de cabeza y poder vivir en paz, sin tics ni arrepentimientos de medianoche ni ganas sin sentido de llorar. Hay algo mal en mi cabeza y soy tan bueno escondiéndolo que ni siquiera cuando quiero expresarlo logro hacer que se entienda. Las recomendaciones de mi psicóloga hasta ahora han sido "come mejor y haz ejercicio". Que va, está chido, es importante, pero no creo que este vacío existencial se vaya a ir por desayunar fruta y trotar en la colonia. Aunque lo que necesito, que sería viajar al pasado y cambiar absolutamente todo lo que he hecho hasta ahora tampoco se puede, así que va, comamos manzanas y compremos unos shorts Adidas. ¿Estuvo rico mi cóctel de fruta de la mañana? La neta sí. ¿Mejoró mi inevitable sentido de no-pertenencia y mi desilusión ante la vida? Pues no tanto, la neta. Rarísimo.
En fin.
La moraleja de esta historia y el mensaje que me gustaría dejarles a aquellas personas que hayan leído hasta acá es:
la vida no tiene sentido y nos vamos a morir, alguien saque las caguamas.
Salu2.
Comments
Post a Comment