¿De dónde viene mi tristeza?
1
Ojalá pudiera conectar conmigo mismo y entender el lugar del que viene toda la contaminación en mi cabeza, cómo es que llegó ahí y si puedo hacer las paces con ella. ¿Será que ya no tomo cafeína? ¿O que tomé mucha? ¿El alcohol o la carencia de él? ¿Tumblr en 2010? Ni la paroxetina, ni la quetiapina, ni la amitriptilina, ni el escitalopram han hecho ni vergas, y lo bueno es que tengo paciencia para seguir esperando sin razón a que haya un click en mi cerebro. A lo mejor nací mal, me falta un interruptor de felicidad, o sí lo tengo pero hizo cortocircuito en algún momento que no recuerdo. Me odio y odio mis sentimientos y mi entorno y mi vida. 2
Hace rato veía mis cicatrices. Ya tienen 10 años y nunca se desvanecieron, quedaron ahí como recordatorio de alguna cosa profunda, como metáfora mamadora que me da pereza encontrar. No ha cambiado nada en 10 años, y pronostico al menos otros 10 iguales.
3
Hace mucho no socializo, ¿me tendrá especialmente deprimido eso? Llevo un año de cuasicuarentena, un año de tomar conmigo mismo nomás y la verdad ya me estoy cayendo gordo. Sí extraño salir con amigos y las crudas y las pláticas borrachas.
4
Estoy harto de tanta información proveniente de Twitter, tanto trans esto y género el otro; y opresión y tolerancia y marcha tal y activismo de nosequé. Ojalá estuviera solo en el mundo y el mundo se rigiera entonces por lo que pienso. Más fácil sería, y si hubiera crimenes de odio en mi mundo chiquito sería uno solo y con él la humanidad descansaría por fin. Y yo con ella. Por fin. Ojalá.
5
O ser plantita. Crecer hacia el sol y dar jitomates rojos y jugosos. Y si se caen y caigo yo, otros jitomates crecerían. Se pobla el mundo de verde y rojo, y en el otro rojo me quedo yo descansando. Primero rojo y luego negro, y luego nada y luego todo. Qué rico vivir como plantita, vivo y luego muerto y que me recuerde quien quiera, y a quien no se lo agradezco.
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